jueves, 19 de enero de 2012

Cada cabeza es un mundo... cada mundo, mil historias

Sigues una historia, y luego otra. De esta última parten dos más, tal vez tres. Nunca dejas de escribir, fluyen los relatos engendrados por un relato anterior. Todos relacionados. Tal vez complentarios uno de otro, tal vez contrastantes. El punto es no parar, no despegar la punta de la pluma del papel (bueno, en este caso, mis dedos del teclado). Si tienes una historia que contar compártela, si no la quieres compartir plásmala en lo que sea que te permita conocerla después. Las ideas vienen y van, son un mar constante de contradicciones fluyendo en todas direcciones. El camino que elegido lleva a un lugar y a un final completamente opuesto. Uno desearía explorarlos todos. Perderse en cada una de las infinitas posibilidades originadas a través de las distintas líneas de pensamiento. Sería como querer averiguar el final de cada gota de lluvia o conocer el destino de cada una de las cuentas de un collar destrozado. Sólo queda imaginar y abarcar lo más que se pueda. No todas las historias son buenas, no todas tienen un final feliz, o un final siquiera. No es posible hilarlas todas o catalogarlas en un género. Es el deber de un escritor, lo cual no soy, aunque conozco personalmente a algunos, el encontrar el balance exacto, el punto de equilibrio para seguir y crear un relato que sea tan maravilloso como las mejores de las posibilidades dictadas por su mente. En cambio es el deber de cada ser humano, el nunca acallar esas historias, nunca esconder esas palabras e intercambiarlas por ideas preconcebidas, distracciones banales y basura colectiva. El tesoro más grande es tu mente, y si tienes la capacidad de estructurar tus pensamientos, mejor aún. Vive, sueña y disfruta el interior de tu cabeza y disfrutarás aún mas el exterior.

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