martes, 17 de enero de 2012

Porque lo he robado...



Y la gente nos criticaba. Nos juzgaba. Me juzgaba. Obviamente ninguno de ambos habíamos jamas sufrido por amor, por la falta de él. Por traición, derrota y olvido. Por desgaste, rutina y fantasmas del pasado. Por muerte, asesinato, como quieran llamarlo. Por alcohol, drogas y prisiones mentales. Nunca sufrimos de estos ni de otros innumerables e incontables dolores. Ambos recibimos el amor en nuestras manos, presentado como una ofrenda injusta para el resto del mundo. Servido en bandeja de plata. Porque siempre fue fácil obtener este amor. Mantenerlo. Porque todo el mundo sabe que el amor crece solo. Es cuestión de una mirada, una sonrisa, dos palabras, cinco letras, un roce y mariposas en el estómago. Y en cambio el mundo sufre gratuitamente, sin razón. Porque la vida es injusta, porque somos el caso fortuito del lugar preciso en el momento preciso. Por qué nosotros sí y todas las almas torturadas, patéticas y miserables no? Nosotros dos nunca pertenecimos a ese linaje, cierto? Nosotros dos nunca pasamos por esa agonía de tener que cargar con nuestros problemas y los de alguien más en soledad, verdad? Critiquen pues, a este par de individuos que se encontraron y se aman por simple y llana buena fortuna. Nos hemos regodeado mezquinamente en nuestro mal habido amor, en nuestra robada adoración. Odien pues, deséennos mal. Añoren nuestro inmerecido lugar. Mi inmerecido papel en esta relación generada espontáneamente y de la nada, en la que mi única acción ha sido aprovechar sus recompensas, cual monarca absolutista, recogiendo lo merecido para otros. Porque lo he robado.

Mi sarcasmo es para ustedes, mi sufrimiento ha sido real. Su sufrimiento lo ha sido también, incluso más grande que el mío. Y no terminará. Igual que el del resto del mundo. Así pudranse, estamos aquí por lo que vivimos, sin esperar lo que tenemos a cambio. No vuelvas a decirme que el amor nace, crece y se mantiene solo, sin siquiera merecerse. No lo escribas, ni lo sientas, ni presumas. Que ni siquiera cruce por tu mente. Nunca.

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